MIL IDEAS DESDE BUENOS AIRES
Enviado por amiracle en La Garriga, Buenos Aires el 17 de octubre 2008

Meritxell es una de aquellas personas que es un placer conocer. Hablas con ella y es como si la conocieras de toda la vida. Es sencilla y muy accesible. Es una fuente de ideas que te convence y enamora. Dedica su vida al arte y lo hace desde Buenos Aires aunque sigue muy conectada a sus orígenes.
Meritxell Soler tiene 29 años y llegó a la capital porteña hace cuatro gracias a una beca para trabajar en la escuela de cine de Eliseo Subiela. Allí conoció a julián y ése fue el detonante para quedarse. El amor pero también la practicidad facilitaron el matrimonio. Actualmente, trabaja en el estudio de fotografía que tiene su marido pero se dedica, fundamentalmente, a desarrollar sus ideas. Porque ideas a Meritxell no le faltan. Nació en La Garriga y estudió Bellas Artes en Barcelona. Estos últimos años se ha dedicado más al documental. En este ámbito cuenta tres obras: Alhambra, mi cine; Navidad de verano y La Nariz de Perón. Todos ellos emitidos en Televisión de Cataluña y con relación con sus orígenes. Alhambra, por ejemplo, es el cine de su pueblo, de su infancia y juventud. Allí ha visto las películas que más le han marcado. Ahora ha dado un paso más y está trabajando en su primer largometraje, Cine al fin que propone un viaje a través del cine y los cines. Soler, sin embargo, no toca sólo el ámbito cinematográfico pero sus proyectos trabajan siempre la imagen.
Es el caso, por ejemplo, de Desmodalizarte, una manera de romper barreras entre la moda y arte a través de grandes carteles expuestos en los escaparates de tiendas de ropa, o las fotografías del Ford Falcon que va recogiendo desde que vive en Buenos Aires y con las que tiene previsto editar un libro. La vida del artista, sin duda, no es fácil. Se depende, muy a menudo de las becas y las ayudas estatales. Lleva un montón de años llenando formularios y presentando proyectos y ahora Meritxell ha decidido pedir una ayuda para no ser nadie y no hacer nada. Se graba a ella misma delante de las fachadas de los museos de arte contemporáneo haciendo nada y siendo nadie. Ironía no le falta y constancia tampoco.

Me encantó la idea de Meritxell!