NO HAY SUEÑOS IMPOSIBLES
Enviado por amiracle en Buenos Aires el 10 de octubre 2008

Primer día en la ciudad del tango y como primera visita escojo el casco histórico, San Telmo. Se trata del primer Buenos Aires, de más antiguo. En el siglo XVIII varias familias aristocráticas, inmigrantes y porteñas, instalaron aquí sus grandes mansiones y varias congregaciones religiosas sus templos y conventos. La vida de la clase alta en San Telmo acabó en 1871 cuando una epidemia de fiebre amarilla les obligó a trasladarse hacia el norte de la ciudad. Los trabajadores ocuparon, a partir de ese momento, el barrio. Paseo por estas calles, empedradas, que desprenden historia. La calle Chacabuco me guarda una sorpresa. En el número 863 me encuentro con un edificio de estilo modernista que me traslada directamente a mi casa, Barcelona. Es el Casal català, no podía ser de otra manera.

La sede del Casal ocupa más de cinco mil metros cuadrados data de 1890. La fachada, sin embargo, es posterior, de mediados de los años treinta y la diseñaron Eugeni Campllonch i julián García Núñez. Este último formado en Barcelona con Lluís Doménech i Muntaner. El estilo neogótico y la decoración modernista no se quedan sólo en la fachada. El interior es también una joya con la escalera de honor, las columnas, los vitrales y los azulejos. En la planta baja se encuentra la biblioteca Pompeu Fabra y la sala Gaudí, Saló Blanc, el restaurante y el teatro margarida Xirgu, con capacidad para unas seiscientas localidades con la platea, palcos bajos y dos anfiteatros; en el primer piso, el auditorio Àngel Guimerà y otras salas como la Antoni Tàpies, la Sala Centenari, la Joan Miró y la Sala Pau Casals.
En realidad, ésta no es la única presencia de modernismo en la capital porteña. En la avenida Rivadia hay dos edificios, construidos entre 1903 y 1907, que nos recuerdan a Gaudí. Ambos son del arquitecto Eduardo Rodríguez Ortega, un admirador del arquitecto catalán. En la esquina con Ayacucho, en el 2009 de Rivadia, se alza un edificio con una de las cúpulas más bonitas de la ciudad. Como homenaje a Guadí el arquitecto Fernando Lorenzi, que se ocupó de las obras de restauración, añadió la siguiente inscripción: No hi ha somnis impossibles (en catalán, "no hay sueños imposibles") Cierto.
